La técnica. I

I. Futilidad del instinto

Me limitaré aquí a extraer, reproducir o parafrasear algunas ideas que Ortega y Gasset expuso en su Meditacion de la técnica con el fin de entender qué es la técnica, de dónde surge y para qué sirve.

Comencemos.

Un hombre siente frío, tanto frío que cree que se va a morir. Pero no quiere morir. ¿Por qué? Se dirá que por instinto de conservación, pero no basta. Habría que saber antes qué es el instinto de conservación. Se dirá que lo utiliza tanta gente que debería ser claro para todos, pero no es cierto. Si preguntamos al Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), que recoge en forma admirable los saberes de la gente común, encontramos que con el vocablo instinto se quiere significar un estímulo interior que determina a los animales a una acción dirigida a la conservación o a la reproducción (“conjunto de pautas de reacción que en los animales contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie”, dice la edición actual).

Así que hay algo interior, algo que, como un resorte, impulsa al animal o al hombre a hacer algo de tal manera que tiene que hacerlo. Tratemos de aclarar las partes de esta idea.

Que el deseo de vivir es interior es algo claro y no es necesario detenerse en ello. Que determina a su portador a una acción dirigida a conservarse también parece entenderse. Pero entonces tenemos lo siguiente: que el hombre quiere vivir significa que siente dentro de sí algo que lo determina a vivir o conservarse. Eso que siente es un instinto, es decir, un deseo, que también impulsa desde dentro. Luego que el hombre quiere vivir debido a un instinto de conservación no quiere decir más que esto: que quiere vivir debido a que quiere vivir o a que no quiere morir. Es como si alguien preguntara por qué flota el corcho sobre el agua y se le contestara que porque el corcho flota sobre el agua.

Luego decir que el hombre quiere vivir por causa de un instinto de conservación no es decir nada. Acudir al instinto para explicar un deseo es caer en tautología. Luego hay que prescindir de una respuesta que no responde nada y buscar alguna otra que responda algo.

Además, en el caso de que no fuera así, en el caso de que la noción de instinto fuera clara y distinta, serviría de poco utilizarlo como explicación, porque los instintos, o lo que pueda entenderse por ellos, están prácticamente apagados entre los humanos. Pero esa es otra cuestión que no debe tratarse ahora.

Estamos, pues, igual que al principio: ¿por qué quiere el hombre vivir? Por lo pronto, es mejor aceptar que no nos resulta posible responder en vez de afirmar que al hombre le es imposible otra cosa, porque hay individuos que quieren morir e incluso a los que no se hallan en esa situación también les sucede a veces lo mismo. Luego la opción de vivir no es la única que tienen ante sí.

Pero pasemos por ahora de largo sobre este asunto, dando por verdadera la idea sin discutirla antes. Lo que queda es el hecho de que el hombre quiere vivir y que por eso tiene que evitar el frío. ¿Cómo obrará para evitarlo? Se dirá que acercándose al fuego si por casualidad un rayo incendia el bosque, y que así se procurará calor. Es decir, calentándose. Esto es una perogrullada, pero tiene a su favor que se entiende, lo que no es poco. No pasa lo mismo con el instinto, que no se entiende nada.

Poco hemos aprendido hasta aquí, pero no debe echarse en saco roto. Al menos queda claro que el hombre trata de calentarse cuando siente frío y que para hacerlo tiene la necesidad de otear el horizonte, de caminar, etc., hacia donde está el fuego si es que por casualidad ha caído un rayo. Lo mismo sucede cuando siente hambre y otros apremios con que le regala su cuerpo.

II. Las necesidades

Hallamos de este modo algunas necesidades que tiene el hombre, necesidades como otear, caminar, calentarse, comer, etc. ¿Que por qué se les llama necesidades? Porque son condiciones para vivir, que es lo que él quiere y es por donde habíamos empezaso. Como son condiciones, las siente como necesidades. Pero no es lo mismo una cosa que la otra. Si no quisiera vivir, sino morir, no las sentiría como necesidades, aunque seguirían siendo condiciones… para vivir. Es como el medicamento que el médico ordena, una condición objetiva para estar sano, pero solamente en el caso de que el enfermo quiera sanar, porque entonces se convierte en una necesidad que él siente para lograr lo que quiere. Pero no si se da el caso contrario, que quiera seguir estando enfermo. Lo que no es una condición no puedo sentirse como una necesidad. Necesidad hay en que caiga una piedra que se suelta de la mano, porque no puede ocurrir otra cosa. Aquí no hay condiciones. Necesidad hay para el hombre en tanto en cuanto quiera vivir.

Primitive_man_making_tools_and_using_fire_at_the_Museum_of_Vietnamese_History

Museum of Vietnamese History: Primitive man making tools and using fire (HappyMindnight)

El orden de las cosas ha cambiado. Para quien no se detiene a pensar en esto lo primero es la necesidad, que activa el resorte del instinto, el cual despierta el deseo, que por fin desemboca en una actividad técnica, como encender el fuego. Para nosotros parece que la secuencia comienza con el deseo, el cual convierte en necesidad lo que es condición de su realización y culmina en la acción técnica.

En conclusión: lo que hace que algo sea necesario es la voluntad. La clave más importante reside, pues, en el querer, porque es lo que convierte en necesidad el calentarse. Dicho de otra manera: si el fuego es necesario es porque el hombre quiere. Primero está el querer, luego la necesidad, no al revés.

III. Diferencia del hombre y el animal

Ese querer no debe ser algo fugaz, pasajero; antes al contrario, es de tal calibre en el hombre que cuando la naturaleza no le presta los medios de vivir él no se resigna. El animal sí que se resigna y se deja morir. Si la naturaleza no da lana a la oveja, ésta se muere de frío sin que sea capaz de hacer nada por evitarlo. Con el hombre es muy distinto. Si el bosque no se incendia, si el árbol no da frutos, si la fuente no trae agua, él enciende el fuego, planta  árboles, excava el suelo. No sabemos si el deseo de vivir es mayor en el hombre que en el animal. Lo que sí sabemos es que cuando la naturaleza es tacaña, el animal se abandona y el hombre no.

Burla burlando, hemos avanzado un trecho importante, pues hemos descubierto que el animal se calienta, come carne, camina, etc., y que también el hombre hace todo eso, pero con la diferencia de que él hace fuego para calentarse, cría la vaca para comérsela, domestica al caballo para montarlo, etc. Puede parecer algo insignificante, pero es una diferencia crucial. Se trata de que el hombre, por ejemplo, siente frío, pero no se calienta, que es lo que está deseando hacer, sino que suspende momentáneamente su deseo, hace el fuego y después se calienta. Significa que no hace de inmediato lo que desea hacer. En esa suspensión del deseo está la clave de la diferencia entre el hombre y el animal.

Luego ser animal no es otra cosa que no suspender el deseo, sino ejecutarlo. Hasta tal punto es así que cuando no puede ejecutarlo se resigna e incluso se muere. Ser hombre es otra cosa. Es desprenderse de las necesidades orgánicas que siente el animal, y él mismo también, pues en esto no difiere de aquél, aunque sólo sea por un momento. El animal siente hambre y tiene que comer. No tiene otra cosa que hacer. Pero si el hombre no sintiera hambre y no tuviera que ocuparse de comer aún tendría mucho que hacer. Y sería con toda seguridad lo más interesante.

Luego la diferencia más importante entre un hombre y un animal no es que el primero sea una cosa pensante y el segundo no. La diferencia más importante es que uno puede suspender su deseo y el otro no.

La necesidad no es lo mismo para el hombre y para el animal. Es un término que cambia de contenido en un caso y otro. Para el animal es su vida, su ser, la única cosa a la que presta atención. Una vez que satisface una cualquiera, no tiene nada que hacer y dormita. Para el hombre es algo extraño a él, una obligación impuesta desde el exterior, algo que obedece cuando quiere seguir vivo.

Por eso puede el hombre distanciarse de su necesidad, como el pintor de su cuadro. Así puede verla como algo secundario, como un trabajo a cumplir. Puede también, por descontado, convertirla en el centro de su vida. Muchos lo hacen. ¿No dice San Pablo que para algunos su dios es su estómago? Por esa vía caminan el glotón, el andariego, el mujeriego, etc. En suma, el hombre puede intentar hacer con su vida y con las condiciones de  su vida lo que quiera. Puede incluso conseguirlo en algunos casos. El animal ni lo intenta ni lo consigue.

IV. La técnica

El animal no pasa de ser su vida biológica, entregada por la naturaleza y mantenida intacta por él. El hombre no. Está metido en ella ciertamente, pero puede dedicarse a otra cosa. A hacer fuego, a plantar un árbol, a domesticar un caballo, etc. ¿Qué logra con eso? Logra lo que no hay en la naturaleza, una hoguera, unos kilos de fruta, un animal que lo transporte, pero que a él le viene bien para seguir vivo.

Su logro es fabricar objetos que le vienen bien para aumentar o para mantener las condiciones -necesidades- de su vida. Modifica la naturaleza alcanzando lo que no hay en ella, en lugar de adaptarse o acomodarse. Esto es la técnica, la reforma de la naturaleza para adaptarla a las necesidades que él siente porque las ha construido con su voluntad. El hombre no responde a la naturaleza, sino que le impone cambios. Produce una naturaleza nueva. No se adapta a ella; hace que ella se adapte a él.

Luego la técnica no es lo que se hace para satisfacer necesidades. Eso es algo que hace también el animal. Si cada vez que tuviéramos frío la naturaleza pusiera el fuego junto a nosotros, no sentiríamos necesidad alguna de calentarnos y no tendríamos técnica. La técnica es precisamente lo que no hace la naturaleza: ponernos el calor al lado para que no sintamos necesidad de él.

Emiliano Fernández Rueda


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